¿Podría la inteligencia artificial recuperar los recuerdos de una persona fallecida?

Una consulta realizada a más de 300 neurocientíficos reaviva una hipótesis sorprendente: parte de nuestra memoria podría permanecer almacenada en la estructura física del cerebro. La inteligencia artificial podría ayudar a descifrarla, aunque hoy la posibilidad continúa lejos de convertirse en realidad.

La posibilidad de recuperar los recuerdos de una persona después de su muerte parece el argumento de una película de ciencia ficción. Sin embargo, una investigación publicada en la revista científica PLOS One llevó esta pregunta al terreno de la neurociencia.

El trabajo reunió las opiniones de 312 especialistas de diferentes países para conocer si, en el futuro, sería posible obtener información de un cerebro preservado. Los resultados no demuestran que los recuerdos puedan recuperarse, pero reflejan que una parte importante de la comunidad científica considera razonable investigar esa posibilidad.

¿Dónde se guardan nuestros recuerdos?

Uno de los principales interrogantes de la neurociencia es determinar de qué manera almacena información el cerebro.

Según el relevamiento, el 70,5% de los especialistas consultados considera que la memoria de largo plazo depende principalmente de las conexiones entre las neuronas y de la intensidad de las sinapsis.

Cada experiencia podría generar modificaciones físicas en esa enorme red cerebral. Si esas alteraciones permanecieran registradas en el tejido, preservar la estructura del cerebro también podría conservar parte de la información relacionada con los recuerdos.

Esto no significa que el cerebro funcione exactamente como una computadora. Se trata de una comparación útil para entender la hipótesis: nuestras experiencias podrían dejar una huella material dentro del sistema nervioso.

El conectoma, el gran mapa cerebral

El conjunto de todas las conexiones neuronales recibe el nombre de “conectoma”. Puede imaginarse como un gigantesco plano que muestra cómo se relacionan miles de millones de neuronas.

Construir un mapa completo del cerebro humano representa un desafío enorme. Pero incluso si la ciencia consiguiera hacerlo, todavía tendría que resolver un problema mucho más complejo: comprender qué significa cada conexión y cómo se relaciona con una imagen, una emoción, una habilidad o una experiencia personal.

La estructura podría estar preservada, pero todavía no existe un sistema capaz de traducirla y convertirla en un recuerdo reconocible.

No existe consenso entre los científicos

Los propios resultados del estudio muestran la incertidumbre que rodea a esta posibilidad.

Cuando los investigadores preguntaron si algún día podría recuperarse un recuerdo complejo a partir de una representación estática de un cerebro preservado, el 45,6% de los neurocientíficos respondió afirmativamente. En cambio, el 32,1% rechazó esa posibilidad.

La diferencia se explica porque todavía no sabemos con precisión cómo se forma y se conserva la memoria. Las conexiones neuronales podrían ser fundamentales, pero también participarían proteínas, moléculas, procesos químicos y patrones de actividad eléctrica.

Si una parte indispensable de los recuerdos dependiera de procesos que se interrumpen al morir, conservar solamente la anatomía cerebral no sería suficiente.

¿Qué papel tendría la criopreservación?

Una de las técnicas estudiadas para proteger la arquitectura cerebral es la criopreservación estabilizada con aldehído. El procedimiento utiliza sustancias químicas y temperaturas extremadamente bajas para mantener con gran precisión la estructura microscópica del tejido.

Su propósito no es conservar un cerebro vivo ni permitir que vuelva a funcionar. Busca evitar que se pierda su organización física.

El límite es evidente: durante el proceso desaparece la actividad neuronal. Por eso, su utilidad dependerá de que los recuerdos permanezcan principalmente en la estructura y no necesiten procesos eléctricos o químicos activos.

La inteligencia artificial podría ser decisiva

Un cerebro humano contiene miles de millones de neuronas y una cantidad todavía mayor de conexiones. Analizar manualmente semejante volumen de información sería prácticamente imposible.

Allí podría intervenir la inteligencia artificial. Los sistemas del futuro podrían identificar patrones dentro de los conectomas y buscar relaciones entre determinadas estructuras y las experiencias almacenadas.

La IA no “resucitaría” los recuerdos de manera mágica. Su función sería procesar una cantidad gigantesca de datos e intentar interpretar huellas que el cerebro hubiera dejado en su estructura.

Incluso podría completar información incompleta mediante modelos predictivos. Pero esto abriría otro interrogante: ¿el resultado sería un recuerdo auténtico o una reconstrucción probable creada por el sistema?

Una posibilidad todavía muy lejana

Actualmente, ninguna inteligencia artificial puede leer directamente los pensamientos de una persona ni recuperar la memoria de alguien fallecido. Tampoco existe una tecnología capaz de observar un cerebro preservado y reproducir escenas de su pasado.

La investigación tampoco asegura que esto vaya a conseguirse. Lo relevante es que una idea antes limitada a la ficción comenzó a ser discutida como una hipótesis científica.

Si algún día pudiera concretarse, también surgirían importantes debates éticos: quién sería propietario de esos recuerdos, quién podría acceder a ellos y qué nivel de privacidad tendría una persona después de morir.

Por ahora, recuperar una memoria humana continúa siendo una posibilidad remota. Sin embargo, los avances en neurociencia, preservación cerebral e inteligencia artificial están permitiendo formular preguntas que hace pocos años parecían imposibles.

Fuente: Clarin Ciencia.

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